19 septiembre, 2011

La gente que cierra sus puertas.

Nunca he sido, ni seré, de las personas que siempre están dispuestas a congeniar con quien sea que se les cruce en el camino. Conozco a tanta gente que, constantemente, anda en busca de una aprobación por terceros. Tienen la errónea creencia de que es posible caerle bien a todo el mundo y si se enteran de que no son monedas de oro, les surgen ciertas actitudes medio squizofrénicas; un acto un tanto lamentable de presenciar.

A pesar de no ser yo de esos que todo el tiempo busca ser "un pana", tengo la tendencia a darle la oportunidad, a casi cada persona, de caerme bien. Me es difícil juzgar crudamente a alguien que no se conoce o de quien solo he escuchado una que otra cosa (en la mayoría de los casos, rumores).

Tengo varios amigos que siempre dicen molestarles la actitud que tengo de siempre tratar de buscar algo positivo en la gente, sobre todo en aquellas personas que, según los chismes, tienen defectos insoportables.

No sé ustedes, pero me gusta muchísimo conocer a ese tipo de individuos que un grupo determinado se ha encargado de etiquetar como "indeseables", en la mayoría de los casos, la persona resulta ser todo lo contrario a lo que dicen por ahí y resulta que, por prejuicios de gente de pueblo, muchos terminan perdiéndose de la oportunidad de disfrutar a alguien que tiene muchas cosas que ofrecer, quedándome yo con todas las cosas buenas para mí solo.

Creo fervientemente en la amabilidad y en la educación, cosa que, como he escrito antes, la gente puede considerar "hipocresía" (bah, idiotas). Nunca llegaré al punto de ser de esos que necesitan ser amigo de todos. Me parece insoportable esa actitud, es como un vacío emocional que a la gente así se le nota a millas de distancia pero se me hace fundamental dar la oportunidad a cualquiera demostrar la esencia de lo que son.

Es verlo así como la aprobación de una visa, la gente necesita pasar ciertos criterios para poder entrar en el grupo de personas que no te desagrada. Algunos obtienen el pase, otros no...pero todos siempre tendrán el derecho a intentarlo. Sin embargo, a casi nadie le interesa visitar un sitio al que cualquiera puede ir y por otro lado, a casi nadie le importa optar entrar a un lugar en el que se debe tener demasiados requisitos para acceder, es un perfecto equilibrio el que se requiere. Ni tan "club exclusivo" pero ni tan "bar de mala muerte."

¿Qué pasa cuando la gente ya entra? Bueno, los casos sin miles y de eso podrían escribirse millones de entradas pero el tema aquí es otro.

En mi caso, quien entra siempre deja algo, incluso cuando yo decido que esa persona ya no debe ser parte de mi rutina. Cada quien tiene cosas buenas de las que se aprende, incluso de las malas actitudes se puede sacar fuerzas para no cometer las mismas estupideces.

Hoy me puse a pensar que existen TANTOS que cierran sus puertas a la posibilidad de ampliar su círculo de conocidos, tal vez por miedo a no "dar la talla" o por predisposición psicológica, temiendo que esa personas les cause algún daño o qué sé yo, cada loco con su cuento.

Creo que hay que aprender a dar oportunidades. Hay una pequeña línea entre la exclusividad y las ganas de esquivo. No todo el que entre en tu círculo tiene que ser tu mejor amigo, ni siquiera un amigo...solo un simple conocido que enriquezca el acto natural de socializar.

Aunque admito, cuando alguien no me da buena espina, simplemente me doy la vuelta...pero eso ya entra en la intuición, ¿no?

El caso es que cerrando tus puertas podrás evitar que mucha gente pase pero a la vez tendrás que quedarte adentro, encerrado en tus propios pensamientos.

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