07 diciembre, 2012

Athié.

Hoy es un día importante y significativo para mi y por más ridículo que pueda llegar a sonar el motivo es uno: Athié.

Athié es mi perrita, una cachorrita tan mestiza, tan "yusa" que ningún veterinario ha podido determinar cuál es más o menos su raza predominante. Ella llegó a mi vida un 7 de Diciembre del año 2.011, aún recuerdo la noche en la que iba a casa de un amigo a buscar algunas cosas y ¡pam! aparece este pedazo de pelos.

Era una miniatura, estaba tan desganada y flacucha que llegaba a parecer el feto de un chivo, su mirada triste, su cabeza inclinada y su cola por el suelo te hacían pensar en una sola cosa: nostalgia.

Athié vino de un refugio para animales de mi ciudad. Yo nunca había sido muy fanático de los animales, nunca había tenido una fuerte conexión con las mascotas, una vez intenté criar un hamster y la puta rata se comió mis notas certificadas del bachillerato, anyway.

El hecho es que una vez le mencioné a un amigo que me interesaba tener un cachorro para criar y que si era de un refugio, mucho mejor pero dicho comentario quedó en el aire, nunca me preocupé por buscar un perrito huérfano que se adaptara a mis necesidades (tenía que ser muy pequeño para que defecara en la menor cantidad posible y jodiera lo menos que se pudiese).

Cuando Athié llegó a mis manos no supe qué hacer, no sabía cómo reaccionar. Me pareció un animal cautivador, desde el primer momento en el que la vi, su mirada me dijo tantas cosas. Una vez que la llevé a casa fue algo rudo introducirla a la familia. Mi mamá no quería animales porque iba a ser ella quien cargara con la responsabilidad, mi papá pensaba que un perro era un gasto de más, mi hermano opinaba que si íbamos a tener un perro que al menos no se pareciera a un gremlin y mi hermanita estaba feliz como yo de tener al nuevo integrante.

Pasaban los días y Athié sólo sufría, verla era deprimirse. Esa perra nació para impregnar el ambiente de sentimentalismo, ella sólo caminaba con el equilibrio perdido y con la mirada tan triste que uno llegaba a creer que era la sobreviviente a algún holocausto canino. No se dejaba acariciar, no se dejaba ver, sólo se escondía debajo de un mesón y salía cuando estaba segura de que no había nadie (sé que suena patético, pero eso me hizo identificarme con ella. Así somos ambos, evitativos hasta más no poder, sabemos relacionarnos únicamente cuando nos da la gana).

Con el tiempo Athié fue adaptándose, fue acostumbrándose a su nuevo hogar. Empezó a engordar y su postura se hizo cada vez más confiada. Un día, de la nada, empezó a acercarse a nosotros, se dejaba acariciar y poco a poco fue aceptando que éramos su familia. Hoy en día mis padres y mis hermanos están completamente derretidos y enamorados de la perra, creo que si yo llegara a mudarme, lucharían con mil abogados por la patria potestad de mi particular animal.

Athié ha cambiado, ahora, la ves y refleja una felicidad increíble. Yo sé que puede sonar cliché pero ustedes no se imaginan lo mucho que llena que un pequeño ser, que llegó por el suelo ahora es parte de tu felicidad.

De la nada Athié pasó a ser un pilar importantísimo en mi vida.

-Athié, la que me espera cada día, a cualquier hora en la puerta de la casa. Ver a una bola de pelos saltar, ladrar y correr excitada por tu simple presencia es algo que aprendes a apreciar.

-Athié, la que se sienta paciente durante días junto a la puerta de mi cuarto cuando estoy de viaje.

-Athié, la que sin permiso entra a mi cuarto y se postra en mi cama como si fuese la dueña del lugar. Espera a que yo me acueste y se extiende patas arriba al mejor estilo de Marilyn Monroe para que yo proceda a acariciar su panza.

-Athié, la que entiende como pocos cuando mi día no ha sido el mejor, y me acompaña durante esas madrugadas, sin protestar,ocupando el sillón izquierdo que está en el patio delantero, mirándome y queriéndome decir: "todo estará bien" (o eso me gusta creer).

-Athié, la perrita flaca y desnutrida que fue mejorando hasta convertirse en el centro de la atención de toda una familia.

-Pero sobre todo, Athié, la que pase lo que pase nunca dejará de tener esa mirada tan perfecta, tan hermosa, tan vulnerable...tan llena de nostalgia.

Nunca dejaré de estar tan agradecido con mi amigo por regalarme algo tan significativo y dejarme ponerle el nombre de uno de los personajes de su saga personal, nunca dejaré de estar tan agradecido con Athié por ser como es, tan perfecta para mi. Tan dramática, dolida, evitativa, loca, excitada, aburrida, feliz y cariñosa como yo.

¡Feliz cumpleaños, Athié!



1 comentario:

Natalia dijo...

No es difícil sentirse conmovido al leer la manera en que te diriges a la perrita.
Cuando no estoy bien, mi perro se acerca como para hacerme sentir que por lo menos él sigue conmigo. Es increíble.

Lo único, Will, que faltó... fueron más fotos de tu sexy Athié Monroe.

Un beso.